Lipovetsky me lo dice.
Los estilos de vida, los placeres y los gustos se muestran cada vez más dependientes del sistema económico.
El hiperconsumidor ya no sólo está deseoso de bienestar comercial, es demandante potencial del comfort psíquico, armonía interior y plenitud subjetiva.
Se ha diversificado la oferta, se han reducido los ciclos de vida del producto mediante la aceleración de las innovaciones, fomentando el crédito para el consumo.
Nuestras sociedades son cada vez más ricas, pero un número creciente de personas vive en la precariedad, el dinero es un problema cada vez mayor. Nos declaramos más felices, pensando que los demás no lo son, pero la ansiedad y la depresión crecen. Nos curan cada vez mejor, pero cada vez hay más hipocondría. La libertad sexual existe, pero la infelicidad sexual persiste.
La felicidad es una gran paradoja.